¿Cuántas personas hacen falta para que un pueblo siga vivo?

«No era un negocio. Era un lugar. El suyo.
La Pinilla.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

¿Cuándo puede darse por terminado un pueblo?

¿Cuando cierra su último comercio?
¿Cuando quedan diez habitantes?
¿Cinco?
¿Uno?

La pregunta parece sencilla hasta que intentamos responderla.

Necesitamos categorías para administrar la realidad, pero la vida rara vez coincide exactamente con ellas. Un lugar puede estar envejecido, aislado, casi vacío… y continuar siendo el centro del mundo para alguien.

Quizá por eso me inquieta tanto la palabra “inactivo”.

Sirve perfectamente para una cuenta informática.

Aplicada a un lugar donde todavía vive una persona adquiere un significado muy distinto.

Hay palabras que ordenan la realidad.

Y otras que, sin quererlo, empiezan a condenarla.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

El momento exacto en que dejamos de formar parte de un lugar

«—Tú eres de la casa de los Serrano.
El apellido le tocó un sitio que Laura no había preparado.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Podemos marcharnos de un lugar y descubrir muchos años después que una parte de nosotros nunca se fue.

A veces basta un apellido pronunciado por alguien que apenas conocemos. Una calle. Un olor. La forma de una plaza.

Creemos que pertenecer significa vivir en un sitio. Pero quizá la pertenencia sea algo más extraño.

Podemos vivir durante décadas lejos de nuestra infancia y continuar reconociendo como propio un lugar que casi ha dejado de reconocernos a nosotros.

Entonces aparece una pregunta difícil:

¿cuándo dejamos realmente de pertenecer?

¿Cuando nos marchamos? ¿Cuando dejamos de volver? ¿Cuando muere la última persona que recuerda quiénes éramos allí?

Quizá algunos lugares permanezcan dentro de nosotros mucho después de que hayamos dejado de permanecer en ellos.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

¿Seguimos existiendo cuando nadie puede encontrarnos?

«El mapa se quedó quieto un segundo.
En la parte inferior apareció un mensaje: “Sin ruta”.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

“Sin ruta”.

Dos palabras pueden bastar para que alguien dé media vuelta.

La carretera continúa ahí. El pueblo también. Pero quien depende del dispositivo acaba de recibir otra realidad: no se puede llegar.

Pensándolo bien, algo parecido empieza a sucedernos a nosotros.

Profesionales que no aparecen en las búsquedas. Pequeños negocios sin presencia digital. Creadores invisibles para los algoritmos. Personas mayores que apenas dejan rastro electrónico.

Nunca habíamos estado tan conectados y, al mismo tiempo, quizá nunca había sido tan fácil quedar fuera.

La pregunta ya no es únicamente quién existe.

También quién puede ser encontrado.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

Marcharse y seguir esperando

“Mi hija dijo que vendría el domingo.
Hoy es martes.
No pasa nada.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

¿Es posible alejarse de alguien y seguir esperando que venga a buscarnos?

Decimos que no importa. Dejamos de preguntar. Organizamos los días alrededor de nuevas rutinas. Pero, en algún lugar de nosotros, seguimos contando cuánto tiempo ha pasado desde la última promesa.

Hay despedidas que no terminan cuando nos marchamos. Continúan mientras todavía esperamos escuchar unos pasos al otro lado de la puerta.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

¿Cuántas veces confundimos necesidad con amor?

“Cuando mi hija me llamó dijo que me necesitaban,
que con los dos niños no daban abasto.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

Que alguien nos necesite puede hacernos sentir importantes. Incluso puede devolvernos una razón para levantarnos cada mañana.

Pero existe una diferencia profunda entre ocupar una función y ocupar un lugar en el corazón de alguien. La necesidad desaparece cuando cambian las circunstancias. El afecto, en cambio, debería permanecer cuando ya no podemos ofrecer lo mismo.

Quizá una de las preguntas más difíciles sea esta: ¿seguirían queriéndonos cerca si dejáramos de serles útiles?

Este texto forma parte del relato Sombras largas.