No contar los domingos

“Mi hija dijo que vendría el domingo.
Hoy es martes.
Cuento las tardes por los cafés, no por los domingos.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

A veces fingimos que ya no esperamos para que la espera duela un poco menos.

Cambiamos la forma de contar el tiempo. Nos aferramos a las rutinas, a una taza de café, a la luz que desaparece cada tarde. Decimos que no pasa nada, aunque sepamos perfectamente qué día es.

Quizá olvidar no consista en dejar de esperar, sino en aprender a vivir mientras la persona que esperamos no llega.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

Aquí sigo

“—Aquí sigo —dije.
No era lo mismo que estar bien, pero fue lo que salió.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

No siempre podemos decir que estamos bien.

Hay días en que la esperanza no adopta la forma de una gran victoria. Consiste únicamente en seguir levantándonos, contestar una llamada o aceptar que alguien venga a vernos.

“Aquí sigo” no es una celebración. Pero tampoco es una derrota. Es la voz de quien todavía permanece, aunque no sepa muy bien qué hará mañana.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

Las manos ocupadas no piensan

“Pongo la cafetera. Corto pan para los niños.
Me gusta cortar pan; las manos ocupadas no piensan.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

¿Cuántas veces nos refugiamos en las tareas pequeñas para no pensar en aquello que nos duele?

Ordenamos, cocinamos, caminamos o repetimos una rutina conocida. No porque esas acciones solucionen nada, sino porque durante unos minutos nos permiten descansar de nosotros mismos.

A veces seguir adelante no significa haber encontrado una respuesta. Significa simplemente mantener las manos ocupadas hasta que pase la parte más difícil del día.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

La soledad también vive en casas llenas

“Hoy he hecho tostadas. Las he dejado en la mesa, cuatro, en fila.
No ha bajado nadie. El reloj del microondas parpadea en verde, y le da igual.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

La soledad no siempre significa no tener a nadie alrededor.

Puede haber voces en las habitaciones, niños corriendo por el pasillo y una mesa preparada para todos. Y, aun así, una persona puede sentirse completamente sola.

Quizá la soledad más dura sea aquella que no se ve desde fuera, porque sucede en medio de la vida cotidiana y bajo el mismo techo de quienes deberían acompañarnos.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

Cuando solo valemos por lo que hacemos

“Pongo la cafetera. Corto pan para los niños.
Me gusta cortar pan; las manos ocupadas no piensan.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

Vivimos en una sociedad que pregunta constantemente qué hacemos, cuánto producimos y para qué servimos.

Mientras podemos cuidar, trabajar o resolver problemas, encontramos un lugar. Pero ¿qué sucede cuando envejecemos, enfermamos o dejamos de ser eficientes?

El valor de una persona no debería depender de su utilidad. Tal vez una sociedad verdaderamente humana sea aquella que sigue reservándonos un lugar cuando ya no podemos ofrecer nada a cambio.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.