Resistir por amor… ¿hasta dónde?

“Entendió, con esa claridad que solo traen las madrugadas rotas, que también él se estaba rompiendo. No por completo. Pero lo suficiente para ya no intentar repararse.”

El que se quedó – Xavier Dueñas

📖 ¿Hasta cuándo resistimos por amor? ¿Y en qué momento ese aguante se convierte en algo que nos quiebra?

A veces creemos que amar es darlo todo, seguir, sostener incluso cuando ya no nos queda nada. Pero… ¿y si también necesitáramos aprender a soltar? ¿A decir basta sin dejar de amar?

En El que se quedó, esa pregunta no se responde, se vive. A través de un médico que no se fue, que cuidó hasta lo último, que sostuvo sin pedir. Y que, al hacerlo, también se fue perdiendo de a poco. No por debilidad, sino por exceso de amor.

Este relato no juzga. Solo muestra lo que duele. Lo que entrega. Lo que se rompe cuando nos damos enteros.

Este texto forma parte del relato El que se quedó, una historia sobre la línea fina y desgarradora entre resistir y rendirse. Una historia sobre los cuerpos que siguen, aunque el alma ya esté en silencio.



Castillos invisibles que necesitan cuidados visibles

“Era un castillo, parecido al que habían hecho en casa. Pero en este, la puerta estaba cerrada con una llave enorme dibujada justo en el centro.”

Domingos con Nora – Xavier Dueñas

📖 ¿Cuántos castillos invisibles hemos construido con quienes amamos? Lugares de juego, de risas compartidas, de complicidad pura. Y al mismo tiempo, ¿Cuántos de esos castillos hemos dejado caer por no saber cuidar el tiempo juntos?

El dibujo de Nora —una puerta cerrada, un castillo sin ventanas— no es sólo tierno. Es una advertencia sutil: lo que se descuida también se enfría. Lo que no se protege, se aleja.

Este cuento no nos culpa, pero sí nos invita a mirar con más ternura lo que tenemos. Porque el amor no siempre se rompe de golpe. A veces solo se va quedando quieto, a la espera de que volvamos.

Este texto forma parte del relato Domingos con Nora

¿Tú te quedarías o te irías?

“Me quedo con los que no pueden irse.”
“Porque aún respiran.”

El que se quedó – Xavier Dueñas

📖 ¿Alguna vez te has preguntado qué harías si todo se viniera abajo?

No hablo de una dificultad pasajera, sino de un colapso total. De esos momentos en los que hay que decidir entre salvarse… o quedarse para sostener a otros.

El que se quedó” nos pone frente a esa pregunta sin anestesia.
Y la respuesta no es sencilla.

¿Te irías si supieras que quedarte significa quedarte solo?
¿O te quedarías si supieras que alguien necesita tu presencia, aunque tú también estés roto?

No hay juicio en esta pregunta. Solo una invitación a mirarnos más hondo.

Este texto forma parte del relato El que se quedó

¿Podremos perdonarnos por no haber sido quienes soñábamos ser?

“No supe quién era hasta que tuve miedo… y me vi dejar a alguien atrás. Pero hoy, volviendo, supe también quién puedo llegar a ser.”

El abrazo del desconocido – Xavier Dueñas

Hay momentos en los que actuamos de una forma que nos desconcierta, que no esperábamos de nosotros. Y después, viene la pregunta que más duele

📖 ¿Puedo perdonarme por no haber sido quien quería ser, justo cuando más importaba?

Este relato no busca condenar. Nos acompaña en esa pregunta íntima que todos, en algún momento, nos hemos hecho en silencio. Porque fallar duele. Pero también puede abrir una grieta por donde entre algo nuevo: comprensión, humildad, posibilidad.

Perdonarse no es olvidar ni justificar. Es empezar a sanar desde la verdad. Reconocer que no fuimos perfectos… pero aún estamos a tiempo de convertirnos en alguien más digno y más entero.

Este texto forma parte del relato «El abrazo del desconocido«

¿Contar el dolor o acompañarlo en silencio?

“Este relato no es una historia. Es una presencia.”
“Mi cámara ya no existe, mi voz se ha quebrado.”

Cuando los niños dejan de correr – Xavier Dueñas

📖 ¿Qué sentido tiene narrar el dolor, si cada palabra parece empobrecerlo? ¿Si al intentar explicarlo lo reducimos, lo domesticamos, lo alejamos?

En este texto, el narrador —como tantos de nosotros— comienza buscando sentido, pero termina comprendiendo que lo esencial no es comprender, sino permanecer. Que hay dolores que no piden ser contados, sino sostenidos. Que el silencio, a veces, es la única forma honesta de estar.

No todo debe ser convertido en relato. A veces basta con acompañar. Escuchar. Nombrar sin invadir. Porque cuando ya no quedan respuestas, lo que queda es el vínculo.

Este texto forma parte del relato «Cuando los niños dejan de correr.«