Lo que somos cuando no fingimos estar ocupados

“No había sido útil, ni planificado. No enseñó nada, ni produjo nada, ni resolvió ningún problema. Y, sin embargo, se sentía extrañamente feliz.”

Domingos con Nora – Xavier Dueñas

Vivimos en una época que valora lo que haces, no lo que das. Nos miden por resultados, logros, entregas. Y en medio de esa carrera, olvidamos lo esencial: no somos lo que producimos, somos lo que estamos dispuestos a compartir con verdad, sin reloj, sin excusas.

📖 ¿Cuántas veces dejamos de jugar con alguien que amamos por responder un correo? ¿Cuántas veces pusimos una pantalla entre nosotros y un momento irrepetible?

Este relato nos recuerda que los espacios de conexión real no necesitan plan ni justificación. A veces basta con estar ahí, con las manos manchadas de pintura y el corazón completamente presente.

Este texto forma parte del relato Domingos con Nora

La nostalgia que no avisa, pero deja huella

“Sintió un nudo leve en el pecho. ¿Cuánto tiempo hacía que no se quedaba a mirarla así, sin prisas, sin un ojo puesto en el reloj?”

Domingos con Nora – Xavier Dueñas

Hay nostalgias que no duelen fuerte, pero sí hondo. Pequeñas punzadas que aparecen al ver una foto antigua, al recordar una carcajada que ya no suena o al leer un cuento que, sin buscarlo, te muestra un espejo.

Esa punzada leve, esa especie de tristeza suave, surge cuando nos damos cuenta —quizá demasiado tarde— de los momentos que dejamos pasar por estar ocupados en «lo urgente», con la mirada pegada a una pantalla mientras alguien al lado sólo esperaba que lo miráramos de verdad.

La historia de Jordi y Nora no grita. No acusa. Sólo nos susurra con dulzura: no pospongas lo que no se puede repetir. Porque el tiempo que no se ofrece, no se recupera.

Ese domingo sin pantallas no fue épico, pero dejó una marca. Y quizá ahí esté el secreto: el valor de lo pequeño, cuando se vive con el alma despierta.

Este texto forma parte del relato Domingos con Nora

Esto no es literatura. Es lo que está ocurriendo ahora

“Aun así, las manos sabían.”
“Porque incluso cuando todo se desmorona… todavía hay manos que aman.”

El que se quedó – Xavier Dueñas

Leemos este relato y parece ficción, pero en realidad es un espejo de lo que ocurre, ahora mismo, en hospitales como los de Gaza, Ucrania o Sudán.

El médico que se queda no es un personaje. Es una figura reconocible en muchas guerras. No lleva capa, ni se presenta como héroe. Solo se queda porque alguien aún respira.

Y ese gesto —quedarse— es una forma urgente de resistencia.
Una forma de decir que el amor sigue ahí, aunque el mundo arda.

Este texto forma parte del relato El que se quedó

¿Tú te quedarías o te irías?

“Me quedo con los que no pueden irse.”
“Porque aún respiran.”

El que se quedó – Xavier Dueñas

📖 ¿Alguna vez te has preguntado qué harías si todo se viniera abajo?

No hablo de una dificultad pasajera, sino de un colapso total. De esos momentos en los que hay que decidir entre salvarse… o quedarse para sostener a otros.

El que se quedó” nos pone frente a esa pregunta sin anestesia.
Y la respuesta no es sencilla.

¿Te irías si supieras que quedarte significa quedarte solo?
¿O te quedarías si supieras que alguien necesita tu presencia, aunque tú también estés roto?

No hay juicio en esta pregunta. Solo una invitación a mirarnos más hondo.

Este texto forma parte del relato El que se quedó

Una chispa en medio del horror

“Entonces, una frase le subió al pecho: ‘aún queda vida’.”
“Y por un instante, sentí que volvías. Y eso, hijo mío, me basta para seguir un día más.”

El que se quedó – Xavier Dueñas

📖 ¿Qué sostiene a alguien cuando todo alrededor se cae a pedazos?
¿Qué hace que una persona no se rinda, incluso cuando la oscuridad lo ha invadido todo?

Quizás no sea la fe, ni siquiera la valentía, sino algo mucho más sencillo y más profundo: una forma de esperanza temblorosa, pero viva.
Una chispa.
Una flor de algodón hecha por manos pequeñas.
Una mirada que aún dice: “aquí estoy”.

No necesitamos certezas para seguir, a veces basta una brizna de sentido, un gesto mínimo que nos recuerde que lo humano todavía respira, incluso entre ruinas.

Este texto forma parte del relato El que se quedó