El derecho más humilde: que nadie nos borre

«—No lo pintes bonito —dijo—.
Con que estemos, vale.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Hay algo profundamente humano en no pedir que nos admiren.

Ni siquiera que nos comprendan.

Solo que reconozcan que estamos aquí.

El hombre de este relato no quiere convertir su pueblo en una postal. No reclama turistas, inversiones ni promesas. Sabe perfectamente lo que se ha perdido y no pretende disfrazarlo.

Pide algo mucho más pequeño.

Y quizá mucho más importante.

Que un mundo cada vez más acostumbrado a valorar aquello que crece, produce, atrae visitantes o genera actividad sea capaz también de reconocer lo que simplemente permanece.

Personas. Lugares. Formas de vida.

No todo lo valioso tiene que demostrar continuamente su utilidad para merecer seguir contando.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

Hay decisiones terribles que solo necesitan un clic

«Lo demás fue un montaje sin música: abrir, mirar, decidir. Clic. Confirmación.
Clic. Siempre la misma frase.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

No siempre hacemos daño con malas intenciones.

A veces basta con hacer correctamente nuestro trabajo.

Esta es una de las ideas que más me inquietaban al escribir este relato. Laura no quiere perjudicar a nadie. No disfruta eliminando lugares. No es cruel. Simplemente sigue un procedimiento, cumple unas normas y procura alcanzar los objetivos que aparecen en su pantalla.

Precisamente por eso me interesa.

Las decisiones que afectan a otras personas pocas veces llegan acompañadas de música dramática. Llegan como expedientes, casillas, formularios, estadísticas, protocolos.

Y quizá uno de los mayores peligros empiece cuando dejamos de preguntarnos qué hay al otro lado del clic.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

El día en que un lugar deja de existir sin haber desaparecido

«Pero había cosas que contradecían el abandono.
En una ventana, geranios rojos. En un tendedero, una sábana que se movía despacio, respirando.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

¿Cuándo desaparece realmente un lugar?

Tendemos a pensar que un pueblo desaparece cuando se queda vacío, cuando se hunden sus casas o cuando muere su último habitante. Pero quizá la desaparición empiece mucho antes.

Empieza cuando dejamos de ir. Cuando ya nadie pregunta por él. Cuando desaparece de las conversaciones, de las carreteras importantes, de nuestras búsquedas. Cuando deja de ser un destino posible.

Y, sin embargo, todavía puede haber alguien regando unos geranios. Una sábana tendida. Humo saliendo de una casa.

Tal vez uno de nuestros errores sea confundir aquello que pierde importancia para nosotros con aquello que ha dejado de existir.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

La duda que conserva el amor

“No sé si la puso a propósito o se coló sola.
No se lo he preguntado. Hay cosas que prefiero no saber del todo.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

A veces preferimos conservar una duda antes que enfrentarnos a una certeza dolorosa.

Una fotografía encontrada entre la ropa puede ser una despedida, una disculpa o una simple casualidad. Julián decide no preguntar. Tal vez porque, mientras no conozca la respuesta, todavía puede imaginar que su hija pensó en él.

No siempre buscamos la verdad completa. Hay ocasiones en que necesitamos dejar una puerta entreabierta para poder seguir queriendo.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

Cuando empezamos a sentir que sobramos

“Aprendes a moverte por la casa como quien procura no hacer ruido
en casa ajena, y luego te acuerdas de que la casa es de tu hija.”

Sobras largas – Xavier Dueñas

¿En qué momento una persona deja de sentirse bienvenida entre los suyos?

No suele ocurrir de golpe. Empieza con pequeños gestos, con la precaución de no molestar, con la costumbre de pedir permiso para cosas que antes parecían naturales. Poco a poco, uno reduce su voz, sus movimientos y hasta sus necesidades.

Sentirse acompañado no consiste solamente en compartir un techo. También significa saber que nuestra presencia no necesita ser justificada.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.