Si el GPS dice que no hay camino, ¿seguimos creyendo en nuestros propios ojos?

«La flecha que marcaba su coche seguía avanzando sobre un fondo gris,
sin caminos, sin nombres.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Hace unos años utilizábamos un mapa para ayudarnos a llegar.

Ahora, muchas veces, dejamos que sea el mapa quien decida adónde podemos ir.

La diferencia parece pequeña.

No lo es.

Cuando una aplicación dice “sin ruta”, casi todos obedecemos. Cuando no encuentra un comercio, suponemos que ha cerrado. Cuando un lugar no aparece, nuestra primera sospecha suele recaer sobre el lugar, no sobre la pantalla.

La tecnología nos ha proporcionado una capacidad extraordinaria para orientarnos.

Pero quizá también nos esté acostumbrando a desconfiar de aquello que no puede representar.

Y convendría recordar de vez en cuando algo muy sencillo:

el mapa nació para representar el territorio.

No al revés.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

La segunda despoblación casi nunca sale en las estadísticas

«Muchas persianas estaban bajadas. Algunas puertas, con candados.
Pero había cosas que contradecían el abandono.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Quizá los pueblos no desaparezcan una sola vez.

La primera desaparición es visible: se marchan los jóvenes, cierra el bar, desaparece la escuela, quedan casas vacías.

La segunda es más silenciosa.

Se retira un servicio. Deja de pasar un autobús. Se pierde una señal. Una carretera deja de figurar. Un mapa deja de ofrecer una ruta.

Entonces vivir allí se vuelve todavía más difícil.

Y se produce una paradoja dolorosa: la falta de habitantes justifica retirar servicios, y la retirada de servicios hace todavía más difícil que alguien pueda quedarse.

No sé si siempre prestamos suficiente atención a esa segunda despoblación.

La que no vacía directamente las casas.

Pero termina alejando el mundo de quienes continúan dentro.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

Lo que no aparece en nuestra pantalla acaba desapareciendo de nuestra mirada

«Un nombre desapareció y el siguiente ocupó su lugar,
como si el mapa tuviera prisa.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Cada día vemos una parte minúscula de lo que existe.

Las noticias que alguien selecciona. Las publicaciones que un algoritmo considera relevantes. Los restaurantes que aparecen primero. Los libros que una plataforma recomienda. Las personas que consiguen llegar hasta nuestra pantalla.

Todo lo demás continúa existiendo.

Pero cada vez cuesta más recordarlo.

Quizá uno de los grandes poderes contemporáneos no consista en prohibir algo, sino simplemente en dejar de mostrarlo.

No hace falta borrar un lugar del mundo.

Puede bastar con borrarlo de nuestra mirada.

Y eso modifica lentamente la realidad, porque tendemos a elegir entre aquello que previamente alguien —o algo— ha decidido enseñarnos.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

La soledad también vive en casas llenas

“Hoy he hecho tostadas. Las he dejado en la mesa, cuatro, en fila.
No ha bajado nadie. El reloj del microondas parpadea en verde, y le da igual.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

La soledad no siempre significa no tener a nadie alrededor.

Puede haber voces en las habitaciones, niños corriendo por el pasillo y una mesa preparada para todos. Y, aun así, una persona puede sentirse completamente sola.

Quizá la soledad más dura sea aquella que no se ve desde fuera, porque sucede en medio de la vida cotidiana y bajo el mismo techo de quienes deberían acompañarnos.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

Cuando solo valemos por lo que hacemos

“Pongo la cafetera. Corto pan para los niños.
Me gusta cortar pan; las manos ocupadas no piensan.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

Vivimos en una sociedad que pregunta constantemente qué hacemos, cuánto producimos y para qué servimos.

Mientras podemos cuidar, trabajar o resolver problemas, encontramos un lugar. Pero ¿qué sucede cuando envejecemos, enfermamos o dejamos de ser eficientes?

El valor de una persona no debería depender de su utilidad. Tal vez una sociedad verdaderamente humana sea aquella que sigue reservándonos un lugar cuando ya no podemos ofrecer nada a cambio.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.