Cuando solo valemos por lo que hacemos

“Pongo la cafetera. Corto pan para los niños.
Me gusta cortar pan; las manos ocupadas no piensan.”

Sombras largas – Xavier Dueñas

Vivimos en una sociedad que pregunta constantemente qué hacemos, cuánto producimos y para qué servimos.

Mientras podemos cuidar, trabajar o resolver problemas, encontramos un lugar. Pero ¿qué sucede cuando envejecemos, enfermamos o dejamos de ser eficientes?

El valor de una persona no debería depender de su utilidad. Tal vez una sociedad verdaderamente humana sea aquella que sigue reservándonos un lugar cuando ya no podemos ofrecer nada a cambio.

Este texto forma parte del relato Sombras largas.

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