El momento exacto en que dejamos de formar parte de un lugar

«—Tú eres de la casa de los Serrano.
El apellido le tocó un sitio que Laura no había preparado.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Podemos marcharnos de un lugar y descubrir muchos años después que una parte de nosotros nunca se fue.

A veces basta un apellido pronunciado por alguien que apenas conocemos. Una calle. Un olor. La forma de una plaza.

Creemos que pertenecer significa vivir en un sitio. Pero quizá la pertenencia sea algo más extraño.

Podemos vivir durante décadas lejos de nuestra infancia y continuar reconociendo como propio un lugar que casi ha dejado de reconocernos a nosotros.

Entonces aparece una pregunta difícil:

¿cuándo dejamos realmente de pertenecer?

¿Cuando nos marchamos? ¿Cuando dejamos de volver? ¿Cuando muere la última persona que recuerda quiénes éramos allí?

Quizá algunos lugares permanezcan dentro de nosotros mucho después de que hayamos dejado de permanecer en ellos.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

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