La frase aparentemente inocente que decide quién cuenta

«Si no hay actividad verificable, se elimina.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Parece una regla razonable.

Precisamente ahí está el problema.

Todo sistema necesita criterios. Hay que ordenar, clasificar, priorizar. Pero detrás de cada criterio existe inevitablemente una determinada manera de mirar el mundo.

¿Qué consideramos actividad?
¿Qué aceptamos como prueba?
¿Cuánto tiempo puede permanecer algo quieto antes de dejar de importarnos?

Estas preguntas no pertenecen únicamente a los algoritmos.

También aparecen cuando decidimos qué escuela continúa abierta, qué línea de autobús merece mantenerse, qué pueblo recibe servicios o qué persona sigue siendo considerada productiva.

Las palabras administrativas suelen parecer neutrales.

Pero algunas contienen una filosofía entera escondida dentro.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

Cuando existir ya no parece suficiente

«Categoría: núcleo de población. Estado sugerido: inactivo.
Motivo: Sin actividad verificable.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Durante siglos bastaba con existir.

Ahora, cada vez con mayor frecuencia, parece necesario además dejar señales de nuestra existencia.

Datos. Actividad. Fotografías. Comentarios. Actualizaciones.

Si un comercio no aparece en internet, desconfiamos de que siga abierto. Si una carretera no está en el navegador, dudamos antes de tomarla. Si un lugar apenas genera información, lentamente va desapareciendo de nuestro horizonte.

La tecnología no ha creado este fenómeno, pero lo ha llevado mucho más lejos.

Y aparece entonces una pregunta incómoda: ¿qué sucede con todo aquello que existe, pero no produce suficientes señales para demostrarlo?

Tal vez el verdadero problema comience cuando confundimos falta de datos con falta de vida.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

El derecho más humilde: que nadie nos borre

«—No lo pintes bonito —dijo—.
Con que estemos, vale.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

Hay algo profundamente humano en no pedir que nos admiren.

Ni siquiera que nos comprendan.

Solo que reconozcan que estamos aquí.

El hombre de este relato no quiere convertir su pueblo en una postal. No reclama turistas, inversiones ni promesas. Sabe perfectamente lo que se ha perdido y no pretende disfrazarlo.

Pide algo mucho más pequeño.

Y quizá mucho más importante.

Que un mundo cada vez más acostumbrado a valorar aquello que crece, produce, atrae visitantes o genera actividad sea capaz también de reconocer lo que simplemente permanece.

Personas. Lugares. Formas de vida.

No todo lo valioso tiene que demostrar continuamente su utilidad para merecer seguir contando.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

Hay decisiones terribles que solo necesitan un clic

«Lo demás fue un montaje sin música: abrir, mirar, decidir. Clic. Confirmación.
Clic. Siempre la misma frase.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

No siempre hacemos daño con malas intenciones.

A veces basta con hacer correctamente nuestro trabajo.

Esta es una de las ideas que más me inquietaban al escribir este relato. Laura no quiere perjudicar a nadie. No disfruta eliminando lugares. No es cruel. Simplemente sigue un procedimiento, cumple unas normas y procura alcanzar los objetivos que aparecen en su pantalla.

Precisamente por eso me interesa.

Las decisiones que afectan a otras personas pocas veces llegan acompañadas de música dramática. Llegan como expedientes, casillas, formularios, estadísticas, protocolos.

Y quizá uno de los mayores peligros empiece cuando dejamos de preguntarnos qué hay al otro lado del clic.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.

El día en que un lugar deja de existir sin haber desaparecido

«Pero había cosas que contradecían el abandono.
En una ventana, geranios rojos. En un tendedero, una sábana que se movía despacio, respirando.»

Antes de desaparecer – Xavier Dueñas

¿Cuándo desaparece realmente un lugar?

Tendemos a pensar que un pueblo desaparece cuando se queda vacío, cuando se hunden sus casas o cuando muere su último habitante. Pero quizá la desaparición empiece mucho antes.

Empieza cuando dejamos de ir. Cuando ya nadie pregunta por él. Cuando desaparece de las conversaciones, de las carreteras importantes, de nuestras búsquedas. Cuando deja de ser un destino posible.

Y, sin embargo, todavía puede haber alguien regando unos geranios. Una sábana tendida. Humo saliendo de una casa.

Tal vez uno de nuestros errores sea confundir aquello que pierde importancia para nosotros con aquello que ha dejado de existir.

Este texto forma parte del relato Antes de desaparecer.