Antes de leer
Hay lugares que desaparecen mucho antes de dejar de existir.
Un pueblo puede seguir teniendo casas, una fuente, geranios en una ventana, alguien sentado junto a una puerta. Puede seguir habiendo una sábana tendida, humo saliendo de una chimenea, una persona que espera una ambulancia. Y, sin embargo, basta con que deje de aparecer en determinados registros, que nadie actualice una fotografía o confirme un camino, para que poco a poco empiece a quedar fuera del mundo que consultamos antes de movernos por él.
Vivimos rodeados de sistemas que clasifican, ordenan, recomiendan y descartan. Nos facilitan enormemente la vida, pero también nos acostumbran a confiar en una idea aparentemente sencilla: si algo no aparece, quizá ya no exista; si nadie lo registra, quizá haya dejado de importar.
